jueves, 24 de febrero de 2011

MALA MEMORIA

Han pasado los fastos del 23-F. Todo entrañable, sobre todo advirtiendo cómo hemos envejecido todos. La anécdota ha sido elevada a categoría en base a recordar donde estaba cada uno de nosotros ( los que ya cumplimos años ) en aquellos momentos. La anécdota, lo trivial, salva la mala memoria de la cobardía colectiva, de aquellas calles vacías, no siquiera con la representación cuantitativa de aquellos tres, solo tres, que permanecieron incorporados en sus asientos. Nadie salió a la calle a defender la democracia, ni los que militábamos en un partido, ni los que veían la corrida de la Transición desde la barrera del desencanto precoz. Al día siguiente la riada de gente, pero no tantos. Pocos en Barcelona, menos en el País Vasco, solo Madrid como eje de la mala conciencia. La mala memoria de la cobardía colectiva, enterrada en la feliz memoria de la anécdota precisa, de la exactitud fotográfica de donde estábamos en el momento de llamar a alguien que se llamaba Núñez Encabo.

Hubo un período de libertad real, 1978-1981, con Adolfo Suárez como mascarón de proa, pero también como muñeco del pim-pam-pum, despues llegó el sectarismo, que no ha hecho mas que aumentar con el tiempo, gangrenar el cuerpo social, ocuopar todos los espacios institucionales, a veces pienso que sin remisión. Cuando veo la vergonzante elección de Camps, la lección de ética de Zarrías al respecto, la defensa mezquina de Chaves, Fabra en la Diputación de Castellón, el 3% ( ja ) de CIU con Millet de conseguidor, podemos seguir toda la noche con el resto de partidos, sindicatos y variados beneficiarios de subvenciones sin mas control del me da la gana y me vota el pueblo. El 23-F enterró aquella etapa un poco más feliz que lo que llegó después, la mala conciencia y la cobardía mostrada ese día terminó para siempre con el escaso ánimo de rebeldía que había aflorado durante la Transición.

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